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Cuando todo puede ser pirateado

La multiplicación de ataques y robos de datos siembra dudas sobre la seguridad del mundo digital, pero no frena su desarrollo


Desaparecen 81 millones de dólares del Banco Central de Bangladesh; Colin Powell llama a Donald Trump “una desgracia nacional”, mientras que un joven plantado en una esquina de Nueva York demuestra que puede hundir la ciudad en el caos en apenas unos minutos. Todas estas historias tienen un punto en común: la ciberseguridad. El mayor robo bancario de la historia se realizó utilizando programas maliciosos (malware en la jerga informática), mientras que el antiguo secretario de Estado de EE UU no despotricó en público contra el candidato republicano, lo hizo en un mail privado que acabó hace un par de semanas en las primeras páginas de la prensa de todo el mundo.


Cada vez más aspectos de nuestra vida están expuestos en la Red, mientras se avecina una revolución mucho más profunda de lo que hemos vivido hasta ahora: el Internet de las cosas que acabará por disolver las ya estrechas fronteras entre lo digital y lo físico. Actualmente, unos 3.000 millones de personas navegan por Internet (un 40% de la población mundial), pero en los próximos años miles de millones de cosas —coches, lavadoras, fábricas, aviones, televisiones, casas, pero también aparatos médicos como marcapasos— estarán conectadas y dependerán de la información que les proporciona la Red para operar.


“Se puede hackear cualquier cosa conectada a la web”, resume el argentino César Cerrudo, jefe de tecnología de la empresa de seguridad informática IOActive. Austin Berglas, antiguo agente del FBI responsable de ciberdefensa en la firma K2 Intelligence, asegura por su parte: “Conforme avanza la tecnología, poseemos cada vez más aparatos conectados a Internet, lo que significa que tenemos una creciente capacidad para operar, comunicarnos y trabajar remotamente. Sin embargo, eso significa también que proporcionamos más oportunidades para explotar nuestras vulnerabilidades de robar, secuestrar o destruir información”.


La mayoría de los expertos cree que la seguridad no está ni de lejos a la altura de la revolución en marcha, aunque siguen avanzando como si esto no fuese un problema. Aquellos que están mejor informados toman precauciones más intensas que el común de los mortales. En junio, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, apareció con la cámara de su portátil tapada. Preguntado sobre el asunto, el director del FBI, James Comey, aseguró que todas las cámaras de los ordenadores en su agencia estaban también cubiertas. “Así evitas que una persona pueda observarte sin permiso. Es una buena medida”. No parece muy tranquilizador que el FBI considere inseguro algo con lo que convivimos constantemente: todos tenemos cámaras conectadas a la Red en diferentes formatos —teléfono, tableta, portátil, ordenador de mesa con una amplia visión de nuestro hogar— que pueden estar conectadas (y observándonos) sin que seamos conscientes.

Dos titulares recientes del Financial Times muestran la magnitud del problema general de la ciberseguridad: “Una simple bombilla puede convertirse en una forma de ataque cibernético” y “¿Se pueden hackear las elecciones de Estados Unidos?” (la respuesta a esta segunda pregunta, planteada después de que piratas rusos accediesen a bases de datos de votantes demócratas, es que, por ahora, no parece posible, aunque el solo hecho de que se plantee resulta bastante inquietante). Y no se trata únicamente de especulaciones sobre el futuro, el problema está en el presente: Yahoo reveló la semana pasada que 500 millones de cuentas fueron pirateadas en 2014, aunque la compañía ha tardado casi dos años en reconocer el saqueo. Es uno de los muchos robos de datos que se han producido en los últimos años.


El más grave de todos, la difusión a finales de 2014 de toda la información privada de la compañía Sony después de que estrenase un filme en el que se burlaba de Corea del Norte, provocó una crisis política en la que intervino el presidente Barack Obama y llevó a numerosos medios a hablar del fin de la privacidad. La compañía calcula que este ataque le costó 15 millones de dólares, sin contar los 8 millones con los que se vio obligada a indemnizar a sus empleados cuyos datos fueron robados y difundidos.


Cualquier cosa, cualquier información, cualquier dato, cualquier archivo que tengamos en Red —casi todos los que producimos, desde un pago con tarjeta hasta un mensaje de Whatsapp o una película vista en el ordenador— puede ser divulgado. Sólo en los últimos días se han denunciado hackeos de la cuenta de iCloud (básicamente toda la información de su móvil) de Pippa Middleton,hermana de la princesa de Gales; de las autoridades de dopaje de Australia y EE UU, de empleados de la Casa Blanca o del Partido Demócrata. Rusia ha sido acusada de estar detrás de muchas estas operaciones, pero no ha podido demostrarse. China también ha sido señalada muchas veces. No es ninguna casualidad que Obama declarase la ciberseguridad uno de los objetivos estratégicos de Estados Unidos: no es sólo una cuestión de ladrones de guante blanco, sino también de países.